Hello mi gente bella -voz de presentadora de Telemundo-

El último post que escribí fue super divino, tal cual cierre de comedia romántica mexicana, de esas que te dan ganas de ver la continuación, y es más, el día que lo escribí, fue un día INCREÍBLE para mi, fue uno de esos días donde sentís que podés explotar de felicidad y que solo querés que te pinchen, porque no sabes si estás soñando o que.

Solo que en mi vida, los pinchones son bien fuertes, y desde que regresé a El Salvador, me he sentido así, como que me pincharon el globo en el que estaba, pero con una de esas agujas capoteras gigantes.

Vine un día lunes a las 11 de la noche, pero comencé a llorar desde las 8:00 de la mañana. Es más, estaba en la línea para chequear maletas, y una niña se me acercó a preguntarme si estaba todo bien, y yo cómo le podía explicar todo lo que había pasado en cuatro meses de mi vida. Luego, seguí llorando en el pasillo para entrar al avión (y una señora me decía cada 5 minutos “tranquila”) y cuando despegó, también seguía llorando.

Siendo honesta con ustedes, no siempre me gusta la voluntad de Dios, y esta es una de las veces en las que NO ME GUSTA, pero aquí estoy, donde debo estar. Me acuerdo que un día, estando todavía en LA, hablé con mi hermana y me contó como estaba la situación en mi casa, y ese día no hice más que orar y decirle a Dios “Señor, si me necesitas en mi casa y con mi familia, me voy en la fecha que vos digas. Vos sabes que yo NO quiero irme, pero voy a hacer lo que digas”. Obvio yo esperaba que Daddy God me dijera tipo “Okay princess, te quedas un mes más, tranquila, todo estará bien en tu casa y podés disfrutar”, pero no, Él tenía otra respuesta.

A los días de esa oración, recibí el peor correo, el que decía: “Irma Alas, Avianca te lleva a El Salvador el 6 de Julio” y lo primero que hice fue, guess what?!…llorar. Luego lloramos con la Lore y pues, desde el 2 de julio hasta aproximadamente el 25, había llorado todos los días.

Regresé y estaba feliz de ver a mi familia, pero me sentí con la espinita de no poder abrazar a mi papi. ¿Pueden creer que no lo he abrazado desde el 26 de febrero? ¡No me aguanto por hacerlo!. Yo pensé que mi regreso iba a hacer como el de muchos que he visto, que lloran de la emoción y se abrazan y casi que cantan la Patria Querida de Álvaro Torres, pero en mi caso, sentí extraño regresar. Sentí extraño pasar de vivir con dos personas y ser independiente, a vivir con cuatro más. Sentí extraño que mi hermana quisiera usar toda mi ropa y mi maquillaje, que mi mamá me regañara por hacer la comida a MI manera, el no saber donde estaban las nuevas cosas de limpieza y en si, el hecho que yo no sabía cuál era la “nueva normalidad” de mi casa, me hizo sentir como alien.

Pero ahora que lo pienso, vine justo a tiempo, y es que el día martes, mi abuelo murió. Lo escribo y todavía no lo creo, y siento que cuando pase todo esto voy a ir a su casa y él va a estar en el jardín. Luego, ingresaron a mi papi en el hospital, y hasta ahorita, esos días, han sido lo peor que he pasado en mis 24 años de vida. El pensar que mi gran amor, mi papi, se podía morir…no hay palabras para explicar eso. Lo escribo y se me salen las lágrimas, porque todo este tiempo pensaba: “Mis hermanos lo tuvieron más tiempo, yo no lo tuve todos estos meses, no lo he abrazado desde Febrero, ¿qué voy a hacer sin él?”

Esos fueron días en los que Dios me hizo más humana y más consciente. Me hizo más humilde también, porque a mi no me gusta pedir oraciones a todo mundo, siento raro hacerlo, pero esos días mi lógica era “Okay, si más gente ora por mi papi, Jesús nos va a escuchar más y va a estar bien más rápido”. Esos días me hicieron darme cuenta que el mundo no es un lugar tan feo y que hay gente que aún sin conocerme o conocer a mi papi, estuvo pendiente de nosotros, y eso NO TIENE PRECIO.

Ahora que lo tengo de regreso en casa, me siento más tranquila respecto a él, porque ya esta aquí y siento que Dios nos ha dado una nueva oportunidad de tenerlo y valorarlo aún más, pero estoy en una nueva etapa de incertidumbre.

Al menos, esa incertidumbre ha sacado el lado creativo en mi, y estoy disfrutando eso (por favor, aprecien mi look de JLo!!). Pienso mucho en lo que fue este tiempo sola y lejos de casa, en que me sentía tan feliz y como que podía lograr las cosas (aún con las crisis existenciales), porque estaba en él lugar para hacerlas pasar. Pienso en que pasé mis días con alguien que no esperaba que me gustara porque no era mi tipo y yo tampoco el de él (digo, me hace falta el rubio platinado tirandole a blanco y el six pack) pero nos terminamos gustando. Con esa persona descubrí que con quien quiero estar y con quien no me de miedo sentar cabeza, tiene que ser alguien que vaya con mis metas y mi plan. Esta persona no quería mudarse a Arizona, no quería ser pastor en Michigan, no quería ser misionero de Minnesota, no quería vivir en El Salvador…esta persona estaba feliz en mi ciudad favorita y por primera vez no sentí miedo de “cambiar mi plan”. Esta persona me seguía mis ideas, le decía que si a mis planes, me tomaba fotos como yo quería, y creo que todo esta en lista de cosas que quiero PARA MI.

Pero ahora no sé que va a pasar y lo digo en general. No sé que va a pasar con mi carrera, aunque estoy disfrutando de la pasantía más increíble que he podido tener. No se que pasará con mi vida amorosa (por cosas así, que cambian de un día para otro, pienso que Daddy God me quiere soltera de por vida). No se que pasará conmigo tampoco. Me siento on hold, como cuando haces una llamada y esperás con música de elevador en el teléfono.

Hay días buenos y días malos. Unos donde no puedo con mi mente y siento que jamás voy a prosperar, pero hay otros donde cambio el chip y agradezco por lo que tengo, aún con miedo, pero agradezco.

Al final del día, lo que debe ser será, y como dicen las mamás, lo que es para vos, aunque te quites y lo que no es, aunque te pongas. Es aquí donde solo me queda confiar y esperar que MI momento venga…y esperar y esperar y sembrar y sembrar y sembrar, porque es lo único que puedo hacer ahorita, sembrar…